Partida del sistema Legend in the Mist ambientada en el Mediterráneo Mítico
Estamos en el 350 a.C. y la etapa clásica toca a su fin. Las grandes potencias que han marcado la historia de los últimos siglos en el Mediterráneo: Grecia, Persia y Egipto han comenzado su declive. Nuevos actores como los cartagineses o los romanos han hecho su aparición y la hasta hace poco ignorada región de Macedonia comienza a marcar el rumbo a tomar en el continente helénico.
Los salvajes escitas viven una época dorada de paz y prosperidad gracias a su comercio con los griegos. Egipto y Persia viven una etapa de conflictos y luchas fronterizas sempiterna. Nubia por su parte se ha replegado al sur. En Iberia, fenicios y griegos pugnan por hacerse con el control del gran pastel de los metales preciosos, aunque los príncipes íberos han comenzado a darse cuenta de la gallina de los huevos de oro. Alejados de sus primos de Iberia, los celtas galos hicieron una fulgurante aparición desde el norte barriendo las ciudades etruscas y poniendo a prueba Roma, la nueva ciudad hegemónica del Lacio. Por otro lado, la ciudad de Cartago continúa afianzando su control sobre el resto de colonias fenicias desde el caos provocado por la caída de Tiro y Sidón en manos de babilonios, asirios y persas.
| Item | Descripción | Valor |
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La Taberna del Dragón Plateado se alza majestuosa en el corazón del bullicioso mercado, con sus paredes de madera oscura y techo de paja que resplandece bajo el cálido resplandor de las antorchas. El murmullo animado de la clientela y el tintineo de las jarras chocando crean una sinfonía única. Los rayos de luz danzan a través de pequeñas rendijas en las ventanas, añadiendo un toque de misterio a la atmósfera. Las mesas de madera robusta, desgastadas por años de risas y encuentros, se encuentran estratégicamente dispuestas para fomentar la camaradería y la conversación. Las paredes están adornadas con viejas banderas descoloridas, hachas de guerra y escudos de noble factura, testimonios de hazañas pasadas y batallas que adornan el ambiente con un aire de autenticidad. En un rincón, un bardo entona melodías melancólicas con su laúd, proporcionando una banda sonora única para la velada.
El mostrador de la taberna, tallado con intrincados motivos, se extiende a lo largo de la sala, mostrando una impresionante variedad de botellas de vino, barriles de cerveza y jarras de hidromiel. El tabernero, con su mandil manchado y rostro curtido, sirve con destreza mientras escucha las historias y secretos que los clientes comparten en confianza. El olor embriagador de asados y guisos flota desde la cocina, donde un cocinero ataviado con un gorro puntiagudo trabaja con maestría para satisfacer los paladares más exigentes. La carta, escrita en antiguo pergamino, ofrece manjares como pastel de carne de dragón, estofado de lobo salvaje y otras delicias para quienes se atrevan a pedir.