Introducción
PROCLAMA DE APERTURA DE LOS ARCHIVOS IMPERIALES
En el nombre del Trono del León Dorado,
en el nombre del Imperio Eterno y de la memoria que no debe morir,
se abren estos archivos al escrutinio de quienes caminan por la senda del poder.
Aquí se conservan las crónicas de las Casas,
las palabras que fundaron dinastías,
y los silencios que condenaron mundos.
Nada escrito en estos registros carece de peso.
Toda decisión es una semilla.
Toda semilla engendra consecuencias.
Recordad: el universo no pertenece al fuerte,
sino a quien comprende el juego.
Que cada lector sepa que entra en un lugar donde la historia aún sangra,
donde los juramentos tienen filo,
y donde incluso el más pequeño movimiento puede alterar el curso del Imperio.
Sed cautos con vuestras palabras.
Sed precisos con vuestros actos.
Porque desde este instante, sois parte del tejido del destino.
Así queda decretado.
— Archivo Central del Imperio
Sinopsis
En el nombre del Trono del León Dorado,
bajo la fría aritmética del Imperio Eterno,
se registran las crónicas de una Casa que eligió no extinguirse.
Casa Manaina.
Nacidos entre las mareas de Umi Kabir,
forjados en un mundo donde el océano enseña paciencia
y la tormenta enseña obediencia,
aprendieron pronto una verdad simple:
El que no se adapta, muere.
Cuando el fuego cayó sobre su estandarte,
cuando los cálculos del poder decidieron su aniquilación,
los Manaina no imploraron.
No negociaron.
Sobrevivieron.
Despojados de su herencia,
arrancados de su mundo,
cruzaron el vacío hasta Arrakis,
donde incluso el aire es hostil
y la piedad no existe.
Aquí sirven a los Harkonnen.
No por lealtad.
No por fe.
Sino porque incluso las cadenas pueden usarse como arma.
Cada orden cumplida es un paso.
Cada batalla sobrevivida es una semilla.
Cada enemigo que subestima a los Manaina
firma su propia sentencia.
Este archivo no recoge lamentos.
Recoge resistencia.
Que todo lector comprenda:
La Casa Manaina no busca compasión.
Busca permanencia.
Kia rite!
Prepárense.
Porque los que aprendieron a vivir en la tormenta
no temen al trueno.
Así queda registrado.
— Archivo Central del Imperio